Reconciliación con el padre

Hace dos meses regresé al Ecuador y en las pocas veces que charle con mi viejo, haciendo skype o por teléfono nunca estuve distanciado del campeonato ecuatoriano de fútbol, mi viejo es posiblemente de las personas más futboleras que conozco y hasta hace un tiempo el fútbol era uno de los temas que jamás pensé escribir, recuerdo que en algún momento cuando tenía que escoger un equipo de quien ser hincha como quien escoge una profesión para toda la vida, yo escogí a la Liga de Quito, me gustaba su uniforme, sonaba a que era una club interesante y su estadio me encantaba, tenía muy pocos años, tan pocos que ni lo recuerdo. Pero el futbol siempre ha sido para mi algo indiferente, en mi adolescencia tuve una temporada en la que me gustaba ir a la cancha a alentar al equipo o al menos esa era la idea, hasta que veía que la gente era capaz de cagarse a palos por el color de una camiseta y con mucho miedo de que me caguen a palos o peor aún con pánico de que quien tenga que cagar a palos a alguien sea yo, de a poco me fui alejando de esos peligrosos deportes. Recuerdo también que en mi infancia tenía un amigo de barrio, Antonio, vivíamos en el Dorado y el era un genio para inventar juegos con la pelota.

– Tienes que patear al cable tres veces y a la cuarta sales corriendo sin tocar nada del tendedero. Cunado regresas recoges la pelota, corres hasta la maceta y haces un centro como si la ventana fuera a cabecear si le das en la esquina 10 puntos si le das en otro lado 5 puntos si le das afuera pierdes.

Sus juegos eran divertidísimos, a mi me gustaba narrarlos como un locutor de box o poeta, esa parte de jugar a la pelota me gustaba mucho, no existían los goles ni las amarillas, ni el gol de visita vale por dos, no había berrinches de abandonar la selección si fallo un penal, no teníamos antidoping ni siquiera sabíamos muy bien lo que era el deporte, jugábamos a la pelota, creo que por eso cuando me tocaba ir a la escuela y jugar futbol, era el que más golpeaba, más patadas daba y si nadie o casi nadie pasaba al número tres de la defensa no era por mi virtuosismo sino por miedo a que me barra como el mejor de los karatekas o a que les lance una silla.

Siempre evité tener amigos futboleros pero de las conversaciones familiares sobre los últimos partidos o la selección en el mundial nunca pude escapar y solo repetía cada tanto algún apellido, algún club y algunas veces decía en que ciudad del mundo juega ese club, mi tío el Negro, como le dice mi familia, pensaba que Shalke 04 era una ciudad de Alemania y nadie discutía ese dato, como era lo único que sabía entonces le explique que Shalke 04 es el nombre del club, la ciudad es Gelsenkirchen.

En el tiempo en el que viví fuera lo que menos me interesaba de Ecuador era saber sobre su fútbol, sin embargo si que me interesaba mucho saber sobre mi viejo, sabía que se había reconciliado con mi madre que su trabajo tambaleaba, que le estaba dando una mano a mi hermana para comprar una casa, algo quería que me contara, algo más allá de sus clásicas respuestas.

Nuestras conversaciones tenían velocidades diferentes, en un lado del globo estaba yo atravesando un océano de experiencias, tenía dos océanos de decisiones nuevas y toda la curiosidad del mundo por saber de mi padre, que pensaba que sentía. En otro punto del globo estaba él próximo a bañarse o había salido de la ducha, siempre hablábamos en las noches.

– Qué onda papá, cómo es eso de que regresaron con la Xime, cuente ¿cómo están?

– Bien mijo lindo, todo bien, ¿a usted cómo le baila?

Después de varios intentos de ese tipo, bajé la guardia y el interés entonces el aprovechaba

Le cuento que su liguita va a jugar la final con EMELEC…….

Hace años dejé de ser hincha de la Liga pero creo que el nunca se resigno a que no me interese el fútbol y le quiera hablar de otra cosa, una vez le pregunté quién era Syd Barret y por no decir que no sabía me dijo que era un caballero de la mesa real del Rey Arturo, tenía 11 ó 12 años, y le creí.

Va a ser en Casa Blanca en el de ida ganaron los monos 3-0

Con el tiempo bajé la guardia por completo y apliqué el sabio consejo que alguna vez me dio para otra cosa: A veces perder es ganar.

Con cada llamada nueva o e-mail que intercambiábamos noté que nuestras conversaciones fluían mejor a medida que le preguntaba sobre el tema

– ¿Y qué tal va su Olmedo en la B?

– Uuuuuuu flojísimo ese Ciclón, el nuevo presidente esta acusado por lavar dinero y los jugadores ya no tienen sueldo, están segundos pero desde abajo.

Honestamente no le daba bola a lo que le pase al presidente del equipo de mi viejo, pero si me concentraba en hablar con él, dejaba de hacer lo que estaba haciendo y me acostaba en la cama o me sentaba en el parque y me detenía a charlar verdaderamente con mi viejo, hasta ese momento era la forma que había encontrado para sostener una conversación con él sin silencios incómodos, ni putamadrasos, ni cambios bruscos en el tema, había encontrado en el fútbol un puente de comunicación.

Me interesé por contarle lo que le pasaba a River, a San Lorenzo y a algunos jugadores que conocíamos del futbol argentino, le conté que Tevez volvió a la Bombonera y que Boca le robó la final a Rosario Central con un penal que no existía. Cuando me mudé a México me puse más atento y ya estaba casi al día con los ecuatorianos que juegan en los Pumas e incluso llegué a preguntarle a un amigo mexicano sobre Aguinaga solamente para poder llevarle en vivo y en directo la opinión de un mexicano sobre Aguinaga a mi viejo la próxima vez que hablemos.

Nuestras conversaciones mutaban entre temas de la familia, lo que hago yo, si ya comí o no y lo que va a pasar la próxima fecha el domingo. Esta vez ya me interesaba realmente lo que le pase al Olmedo, parecía una película de suspenso.

– Y cómo va ese Ciclón papá, ¿sigue puntero desde abajo?

– Ni me hable de esa huevada! El presidente se dio a la fuga y la Federación le multó con 12 puntos por no pagar a los jugadores, va a desaparecer al Olmedito como le pasó a Quito.

– ¿Qué? Le dije yo, ¿el Quito desapareció?

– … casi, están en problemas de sueldos y quieren clausurar al equipo o denunciarle con la FIFA.

No hay que ser un amante del futbol para saber que el Deportivo Quito es el eterno enemigo de la Liga de Quito, y que si desaparece uno de ellos en este caso el Quito, el clásico de la capital también se clausura.

Seguimos charlando de nimiedades y luego nos despedimos, yo me quedé pensando en el Deportivo Quito, e incluso recordé un partido de la liguilla final de cuando estaba en 4to curso, 2007 quizás, fue un miércoles, el Valen y el Alex y yo habíamos salido del colegio con permiso del dirigente solamente para ir al estadio del Aucas en el Sur, Liga solamente tenía que empatar con el Deportivo Quito para ser campeón, el Quito, Taxi, o deportivo Taxi como le decimos sus enemigos no tenía ningún chance ni siquiera del repechaje para la Libertadores, pero nos ganó y por cuatro goles, recuerdo que hasta nos pusimos tristes, al jueves éramos la burla de todo 4to curso y de Hernán nuestro dirigente e hincha del Quito.

¿Clausurar un club por no pagar a sus jugadores? Si fuera una petrolera estaría impecable, pero ¿a un equipo de fútbol? ¿Y sus hinchas, y sus enemigos? Pensé en política, pensé incluso en la identidad de una ciudad, una parte de su historia, mala y vergonzosa pero una parte al fin. Cualquier club empapela la camiseta de su equipo de auspiciantes, los jugadores parecen modelos y no jugadores. De la noche a la mañana hay ex futbolistas y nuevos Ministros y son tan hijos de puta que van a clausurar un club. ¿y ahora quién le va a ganar a la Liga cuando este a un punto de ser campeón?

Cuando me acerco a charlar con mi viejo siento que el fútbol es un idioma, como el alemán, o el árabe siento que usamos esos códigos para decirnos otras cosas, para putear abiertamente o para hacernos bromas e incluso para hablar de política y a veces hasta de deporte, es una caja interminable de conversación que se renueva cada domingo, es materia bruta para cualquier tipo de metáfora entre los dos.

Por mi viejo aprendí que el fútbol es un puente y no uno imaginario como el de la banderita amarilla de Fir Play de la FIFA y luego todos se roban las comisiones que roban a otros, un puente de verdad que me hizo aprender geografía para saber de que ciudad es y de que país es el Galatasaray, me hizo memorizar apellidos impronunciables y asi puedo jugar en los aeropuertos a adivinar de donde es cada persona, nunca aprendí a jugar fútbol ni mucho menos lo que es un carrie, o lo que hace el cuarto arbitro. Con la manera de hablar de futbol que mi viejo me enseño me acerqué a él solamente para sabernos cerca, y que mejor si es con cosas tan insignificantes y pasajeras, no vaya a ser que por ahí tocamos temas sensibles y nos resentimos, este puente nos dibujó un límite a cada uno y cada vez que accedemos el intercambio dura mucho más de 90 minutos.

Hoy por hoy no solamente me interesa el futbol como un deporte, incluso puede ser una herramienta antropológica o un termómetro para la sociedad, tan grande fue la reconciliación con el padre que ahora hasta planeo ver partidos con mis amigos en casa y a veces hasta soñamos con algún día ir a jugar, quizás busque a Antonio y le invite seguro los juegos no tendrán la misma inocencia pero tendremos de que conversar.

 

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