El Crimen Perfecto

manos

Ciudad de México – Lima

24 E . Mitad, 5 horas 20 minutos

Desde aquí puedo ver todo, estoy sentado en medio de dos igualdades, la izquierda como un testigo que me observa desde mi origen hasta hoy y la derecha que muy lenta de acción, calcula cada movimiento con algo muy cercano a la madurez a veces sospecho que puede llamarse experiencia. En un trayecto por la mitad del continente americano a una velocidad medida en cantidad de películas proyectadas y número de comidas servidas puedo verlo todo.

Veo que ayer tomaba cervezas de cacao y chocolate en el barrio más peligroso de una ciudad catalogada como peligrosa en el ambiente más tranquilo y familiar junto a unos entrañables amigos, al mismo tiempo veo que hace un año me despido de mi mejor amigo mientras leo la portada del libro que me regala:

El Idiota, Fidor Dovstoiesky

Me aclara que el título no es nada personal y nos abrazamos. Veo como se infarta mi vieja al verme entrar por la puerta de su casa una mañana domingo que aún no existe, desde aquí ya empiezo a escuchar todas las risas y ahogos entre lagrimas que me acompañaran en el taxi desde Tababela hasta entrar a la casa de mi madre.

Sé que cinco horas y veinte minutos son tan fugaces como un trecho de un lugar a otro en un mapa imaginario, tan breves como las décimas sobrantes de un cronómetro que calcula el cambio de semáforo, tan eternos como un viaje en subterráneo por cuatro estaciones. Cinco horas y veinte minutos es la cantidad de tiempo perfecta para ver a mi abuelo preguntarme por lo que quiero ser de grande cuando yo tenía siete años y cambiaba de respuesta todos los días.

Cinco horas y veinte minutos es el tiempo que me toma decidir que no me quiero anticipar a nada y que quiero demostrarme todos los días que las historias existen para decir todo lo que no entra en palabras, en veinte minutos con cinco horas confirmo que los lugares no se pausan cuando no los veo y que si alguien se llegará a pausar, aunque lo dudo, sería yo.

Avanzada alguna parte de las cinco horas y veinte minutos me veo tener 7 años y desear siempre y en todo momento tener el superpoder de que al chasquear los dedos toda la vida se congele y yo pudiera hacer lo que me de la gana con la gente con las cosas que se quedaban sin dueño, me veo desear tener una especie de chicharra paralizadora pero aplicada a todas las personas y cosas del mundo. Al mismo tiempo me veo tener 25 años y el superpoder de congelar todo movimiento de vida en un recuerdo, también me veo tener 35 años y usar mi superpoder para hacer películas.

En este preciso instante me veo planear mi robo más atroz de toda mi carrera como delincuente, sería más bien como usuario resentido pero delincuente me hace sentir más temerario. Siempre he pensado que las aerolíneas nos han monopolizado de la forma más descarada, son tan hijos de puta que en temporada alta hacen lo que les da la gana con nosotros, ¿y quién les dice algo? ¿cómo? ¿qué otra forma, en la que no se me borre la línea del culo, tendría para viajar de un país a otro? Un pasaje aéreo puede llegar a costar mínimo 500 dólares (en temporada baja) dinero que se divide en pagar los impuestos más absurdos posibles y todos los sueldos y por su puesto, toda la ganancia posible. Si ya aceptamos que nos dividan imaginariamente con nombres de países, gentilicios, pasaportes y color de billetes, sería un buen convenio que viajar no sea tan caro.

Entonces calculo mi venganza y veo si la cobijita que me dieron en el avión podrá o no entrar en mi mochila y busco una cara entre todos los pasajeros que no tenga intenciones de llevársela para que al bajar yo se la pueda quitar de su asiento, lanzarla rápidamente en el mío, hacer como si nada, salir sonriente con la cobijita guardada y el recuerdo listo.

Más allá de la mitad de las cinco horas y los veinte minutos me doy cuenta de que la cobijita no entra en mi mochila, se me ocurre enrollarla y guardarla adentro de una de las mangas de mi chompa, mientras lo hago veo que el rojo de la cobijita es el mismo rojo que una bufanda de mi ex novia de la universidad y me veo decirle que las ciudades serán pocas a nuestros pies, veo que nos amamos y también veo que la relación se acaba y nuestras vidas continúan por separado en diferentes ciudades. Termino de guardar la cobijita y actúo normal para que ninguna aeromoza sospeche.

Pasadas las cinco horas y entrando a los veinte minutos finales veo todo lo que voy a tener que revivir cuando llegue a casa de mi madre y duerma allí la primera noche, veo la primera noche en un cuarto de herramientas en el Desierto y veo la primera noche en el departamento de una chica de couchsurfing donde la cama era tres veces más grande que la cama más grande que puedo recordar, veo la noche que voy a tener que pasar ese día y veo la noche en la que dormí con mi abuela hace un par de años porque necesitaba sentirme como un nene de nuevo.

Con la señal de desabrocharse los cinturones me levanto del asiento y veo que el aeropuerto de Perú es el tema Pasajera en Trance de Charly, veo los lugares por los que caminaré con mi madre cuando juntos viajemos a Lima y al Cusco en el mes de agosto, y veo en el aeropuerto que hace más de seis años mi hermana mi madre y yo hacíamos fila para subirnos a un avión que nos llevaría por primera vez a Buenos Aires, veo que ese día encontré a una mujer hermosa sentada al pie de una tienda del dutty free, ella estaba tan cansada que estaba desenrollando su tatami para dormir algo en el piso, y la veo tan bella y me veo de 18 años deseando tener una novia tan bella y sencilla como esa morocha. Años después me vi en un mes de abril por la madrugada llegar al terminal de camiones de la ciudad de Mérida con mi novia y estar tan destrozados del viaje que desenrollamos los tatamis y nos acostamos a nuestras anchas en el piso, no veo al guardia que nos despertó pero su presencia es infaltable en esta anécdota.

ventanas

Lima, 13 horas de escala

He pasado varias veces por Perú y por Lima y nunca he salido del aeropuerto, sé que es un lugar grande con 36 puertas de embarque y dos pisos de salas de esperas, quizás si me quedaba más horas en la escala hubiera empezado a sectorizar las puertas de embarque como barrios y al pasillo principal le hubiera puesto un nombre para que empiece a tener forma de avenida.

Lo que sé de ese aeropuerto es que una vez superada la primera mitad del regreso ya puedo sacar mi cobijita robada y darle uso, son más de las 9 de la noche del noveno día de un julio cualquiera, veo que en Argentina están celebrando su Independencia no sé si la tengan o no pero es su fecha importante, veo que las fechas importantes de mi familia tienen una ausencia y veo que mis momentos importantes tienen un exceso de soledad, veo que el tiempo pasa en todo el mundo por igual pero que las velocidades de quienes vivimos en él son muy diversas.

Al terminar la primera hora en el aeropuerto mi paisaje urbano son luces fluorescentes, restaurantes extremadamente caros, y muchísimas sillas desocupadas. Mi paisaje auditivo está lleno de expresiones como:

El pasajero etc etc acercarse al mostrador tal

Se abre la puerta de abordaje para bla bla bla

Les recordamos que este aeropuerto no anuncia los vuelos, rogamos que esten atentos a las pantallas

Ha pasado algo de las trece horas y me animo a jugar a donde quiero ir, como cuando niño jugaba al futbol con mi vecino y le decía yo soy Zidanne y tú eres Figo, entonces escojo entre Buenos Aires, New York, París, Sao Paulo, Cusco, Santiago, Cordoba, Madrid, Miami y me animo por ir a New York, sala 33 a la esquina veo sillas vacías y me instalo a mis anchas, sin tatami pero con la cobijita, allí veo que la cobijita se la daré a la Vicka (mi perra) y veo todos los paseos que tuvimos en el parque con ella y todas las veces que caminamos hasta que tuvimos que tomar un bus y veo la vez que le cobraron el pasaje a ella, luego no veo nada porque me quedo dormido como vago porque cada tanto me levanto a ver si mis cosas siguen ahí, los anuncios del aeropuerto me han asustado.

Duermo, despierto, duermo, despierto, los pasajeros a New York ya se fueron y nadie me preguntó si es que me subiría a ese avión, luego me quiero ir a París y me instalo en la sala 15, veo un país que no conozco pero también veo que algo conozco, sé por ejemplo que el arquitecto Hal o Hauss algo había planeado París urbanísticamente para los tiempos de guerra y también sé que adentro de la iglesia de Notre Damme hay una virgen de la Guadalupe con la bandera de México, veo a todos los franceses que he conocido y veo todos los viajeros que alguna vez recibí en mi casa para que algún día yo sea viajero y alguien me reciba en su casa, y luego me río, porque eso se dio y veo mi primera noche en Buenos Aires, arepa colombiana y dos botellas de vino, entonces confirmo que aunque la mente divaga, la cadena de favores y disfavores nunca deja nada suelto.

Los pasajeros se fueron y si esta vez me hubieran preguntado si me subiría al avión, diría que no, creo que nunca antes he tenido tantas ganas y tanto amor por abrazar a mi familia, le digo a París que por ahora no gracias, que nos veremos después y las trece horas son cada vez menos, reflexiono sobre la ansiedad de la espera y veo que en las pantallas del aeropuerto el vuelo a Quito operado por avianca está programado para las 10 y algo de la mañana. Me duermo pero ya no encontré destinos interesantes y me voy a acomodar donde los barrios formados por las sillas parecen más cómodos, es decir cruzando la avenida del pasillo principal.

Entre sueños y revisiones de equipaje, escucho voces de dos colombianos y les pregunto por la hora, cuando supe que estaba a 3 horas de subirme al avión hacia Quito, todo se hizo blanco. Luego aparecí por arte de magia sentado junto a una señora brasilera muy amable y yo cantaba No tan Buenos Aires de Calamaro.

Ese blanco me duró hasta hace unos días, una semana después de haber llegado a Quito.

Lima – Quito 1 hora 20 minutos.

Desde una ventana izquierda asiento 10 A, veo como se hacía un domingo desde la cordillera, los picos de las montañas eran miniaturas de tierra, también veo mis domingos como el día en el que se comía rico sin ningún motivo o el día en el que todos los amigos nos juntamos sin ningún motivo o el día que es socialmente permitido estar en pijama a las 5 de la tarde y no tener intenciones en cambiarte, veo que mi padre hace las veces de cómplice conmigo y le convence a mi familia de que ese domingo almuercen en el patio de la casa, veo que mi madre le dice que no, y veo que la habitación que alguna vez fue mía se hizo una bodega para aprovechar el espacio, también me veo arreglar esa habitación y sacar bolsas y bolsas de cosas que no quiero tener en mi vida y las denominé: bolsas de basura.

El primer almuerzo de ese domingo en el cielo es de la peor pasta que he probado en mi vida con pollo sabor cartón, pero el plato no me duró cinco minutos, tenía la boca seca y pastosa del hambre, cerré el almuerzo con vino y una vez derrotada el hambre mi cerebro se dio tiempo para empezar a ponerse nervioso. Tarareaba el tema del Salmón “No tan Buenos Aires” y pensaba en el lugar al que estaba yendo, veo la casa de mi adolescencia en el barrio del Inca, veo el día que nos mudamos de esa casa hacia El Condado, veo el día que yo volví solo al Inca y veo también el día que me fui de esa casa por segunda vez. Veo a mi madre abandonar El Condado, separarse de su esposo y regresar a la casa del Inca donde ella y yo paradójicamente vivimos nuestra adolescencia. Veo que el próximo miércoles voy a ir al taller de mi amiga Denise que está en el barrio del Dorado, donde viví mi infancia y veo que ese lugar ya no existe. Veo que me reencuentro con mi sobrino nos hacemos buenos amigos, veo que Martha y yo nos volvemos encontrar una vez en Ecuador y otra vez en México, veo que la novela que hice crece, se publica y se va de mis manos.

Veo todas las casas y todas las calles aledañas donde viví, veo Melián, Copilco, Andover, de las Toronjas, veo la casa que rentaré en Guanajuato y veo que viviré en Barcelona. Hay una fisura en alguna parte de la dimensión y en alguna otra página de esta historia se esta viviendo algo paralelo, veo al Miguel que decidió nunca salir de Ecuador y veo al Miguel que decidió quedarse en México, veo que cada fibra de la realidad se construye con silencio, con pausas, con momentos de respiración entre una nota y otra nota, veo que la realidad se construye con presente.

A donde sea que me haya metido, ya llegué, el capitán del la nave de apellido catalán nos anuncia que en Quito también es domingo, se habla español, se usa el dólar, es la capital de Ecuador, está en la mitad del Mundo, no se come picante, el presidente es Correa, no se come con tortilla, no se toma mate, uno de sus equipos está en la semifinal de la copa Libertadores y que los taxis son amarillos. No veo ninguna cobija para robarme, maldita sea, me ganaron de nuevo.

Veo a todo lo que alguna vez dejé y ahora tendré que enfrentarme, veo todos los encuentros con la gente y veo que no quiero comportarme de la misma forma en que lo hacía antes, me veo decir que no y ser más tajante, me veo romper compromisos que no quiero tener, y me veo una mañana de jueves escribir esto desde mi taller en Quito.

En segundos bajé del avión, retiré mi equipaje, escuché el primer acento quiteño en mucho tiempo, pasé la aduana, y disparado salí por un taxi. Era cuestión de tiempo llegar y mi boca se secó de nuevo, los números de teléfono empezaban con dos, no había wal-mart ni chinos, ni kioskos, ni oxxos, la que se llamaba General Paz, y luego Viaducto, hoy es la Simón Bolívar, los buses ya no eran camiones sino buses, se ofertaba fritada y no tacos ni choripanes. Un sin número de nuevas construcciones, pasos a desnivel, estaciones de subterráneo se estaban construyendo un nuevo alcalde había empezado y un terremoto también.

En el taxi ya casi no veo nada, quiero descansar , llegué a un muelle, lo caminé y me acerqué a su orilla, renuncié a lo que no quería y hoy estoy parado allí sin saber cómo empezar el siguiente paso, se me ocurre que como solución para poder seguir construyendo mi propio muelle debo ir a ver en simultáneo y en HD todos mis recuerdos y deseos como lo empecé a hacer cuando las cinco horas con veinte minutos empezaron, se transformaron en trece horas de escala, luego en una hora y veinte minutos de domingo y finalmente todo el círculo se cerró en presente.

veo

2 comentarios en “El Crimen Perfecto

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