Informe a la Nación

Les juro que no voy a hablar de arte, ocurre que no me quiero ir sin antes hablar sobre mi paso por la Esmeralda, por burocracias, calendarios, fin de semestre y todas esas cosas no se pudo organizar una charla que supuestamente habría de dar en la escuela a manera de retribución por permitirme hacer la residencia, pero no quiero dejar impune a la burocracia y me pareció buena idea escribir esto que es más o menos lo que hubiera dicho si tal charla se hubiera llevado a cabo.

De primera debo confesarles que esta serie de peros en la organización me demostró una vez más que uno de los principales motivos por los cuales fui seleccionado para dicha residencia no fue mi talento (suponiendo que tuviera uno) fue la desorganización quien empujó muchos documentos y traspapeló muchos perfiles y eso provocó que en 2015 me escribieran un mail diciéndome que he sido seleccionado, debo admitir que confesar esto es un golpe para mi ego pero prefiero que sea el ego el lastimado por la verdad y no la inteligencia lastimada por mi estupidez de no querer ver las cosas. No puede ser tan malo haber sido seleccionado por desorganizaciones internas, yo lo veo como un delantero que esta parado esperando el pase gol o la falla de la defensa, rectificando los golpes anteriores al ego puedo decir felizmente que hice tantos goles como fallas tuvo la defensa y es que al final del día en el futbol no se perdona y en las becas tampoco.

Quiero continuar la serie de confesiones y decirles que no tengo idea quien es Anish Kapoor y no sé porque es casi una deidad en los pasillos de la escuela y en las conversaciones de cafetería, en realidad me da mucha curiosidad y espero descubrir porque sus exposiciones tienen el show de una temporada del Cirque du Soleil.

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A continuación copio textualmente el informe que entregué a la Secretaria de Relaciones Extranjeras de México como último requisito para dar por concluida mi estancia como residente en la Esmeralda. El informe (si lo quieren leer) no pretende ser un discurso de agradecimiento es más bien una conversación en sobremesa, una anécdota larga:

Me resulta imposible escribir sobre mi paso por México sin poner mi corazón en la mano y hablar sobre el viaje que venía haciendo

Era septiembre del 2015 y recibí la noticia de haber sido becado, vivía en Buenos Aires y estaba estudiando cine documental de hecho estaba en la preproducción de un cortometraje que hubiera sido el primero en mi carrera.

Apliqué para la beca para el mes de febrero pero la oferta era “ahora o nunca” después de negociar con la gente de la SRE logré extender un mes más mi estancia en Argentina y en lugar de arrancar en octubre, lo iba a hacer en noviembre, sin embargo por una serie de eventos fallidos e incomunicación no se me informó que como ecuatoriano, el Gobierno Mexicano me exige una visa para entrar al país, y sin visa fue como me presente una mañana de los últimos días de octubre en el aeropuerto de Ezeiza, evidentemente no se me permitió abordar el avión y con la vida en dos maletas de 23 kilos y un hueco en la existencia por no saber a donde ir tuve que volver a mi antigua casa, no por voluntad, sino por instinto de protección como cuando se busca un techo en la lluvia.

El silencio fue largo y el vaso de agua en el que estaba ahogado era inmenso, hoy a la distancia puedo decir que se solucionó con un poco de suerte, uno de mis compañeros de casa cursaba un máster en algo relacionado a economía y tenía como compañero de banca nada más y nada menos que al cónsul de México en Buenos Aires, en la mañana de un lunes me presenté en la embajada, sin cita, sin nada y evidentemente sin ni siquiera haber sido escuchado fui despachado, a la noche le conté la situación a mi roomate (hasta el momento no sabía que era compañero del cónsul) y me dijo que hablaría con su contacto, para el siguiente día ya tenía una cita pactada y la misma persona que el día anterior me cerró la puerta y no le interesó escucharme, me estaba abriendo las puertas de la oficina y ofreciendo algo para tomar, no fueron 5 minutos los que hablé e inmediatamente el cónsul ordenó una visa para mi, presenté los documentos, hice los pagos correspondientes y a la mañana siguiente tenía pasaporte visado.

Hasta ese momento tenía la mitad del problema solucionado, ahora el gigante que tenía que enfrentar era la aerolínea que tampoco tiene desarrollado el sentido del oído. Había una serie de multas que tenía que pagar por el cambio de fechas y las nuevas tarifas y todo lo que se puedan inventar, pero lo irónico era que todo tenía que ser pagado en dólares o en tarjeta de debito por no ser argentino. Evidentemente la SRE no se pudo hacer cargo de esa multa ya que la beca no incluía errores de comunicación y a estas alturas es tedioso encontrar responsables o culpables.

Sacando los últimos dólares de los bolsillos más recónditos de mi ropa logré reunir el dinero necesario para pagar la multa, el resto de mi estancia en Buenos Aires por el mes extra que estuve fue a factura de la familia que hice allí, una casa de gente entrañable donde hicimos la amistad más bonita que me sostuvo con mucho amor y a veces con mucho vino.

El vaso de agua se disipó en dos semanas de incomprensión y de levitación por cualquier lado que iba pero sin estar presente, realmente fue un tiempo de desconexión total, había dejado las clases y la preproducción del cortometraje, no tenía absolutamente nada que hacer y todos los día me preguntaba ¿qué estoy haciendo aquí? todo el tiempo que tuve libre lo dedique a pintar y dar caminatas largas que atravesaban gran parte de la ciudad.

La nueva fecha de vuelo sería para los últimos días de noviembre y la Esmeralda (que es la escuela donde estoy haciendo la residencia) no tenía problema en esperarme un mes más, tampoco la SRE, todo esto en menos de un mes y aun no arrancaba la aventura mexicana, con un prólogo asi no le puede ir mal a nadie.

Una noche de miércoles llegué al departamento de una chica de couchsurfing en Polanco y al día siguiente ya estaba caminando por Coyoacán, por la SRE, por la Esmeralda y buscando un lugar para vivir.

Esta es la primera beca que tengo y no sé que se debe escribir en este tipo de informes pero cuando supe que sería de extensión y formato libres, decidí hacerlo en voz alta y contarles todo esto como si estuviéramos charlando en una sobremesa, el lugar perfecto para contar anécdotas.

Veía a México por segunda vez, y ninguno de los dos era el mismo, ningún lugar por los que volví a caminar existía, y cuando ello ocurre es señal que el renacimiento está cerca. Empezaron los días, la nueva casa, las nuevas personas, y las primeras rutas de camino, nuevos nombres de calles, jerga, caló y albur, tuve que memorizar los recorridos de los colectivos, las estaciones y colores del metro, destiné una parte de mi cerebro exclusivamente a ubicarse en la ciudad y así aprendí historia nacional ahora sé quienes son y que hicieron: Lázaro Cárdenas, Porfirio Díaz, Xicontencatl, Mancera, entre otros personajes del imaginario en el que ahora también me incluyo. También aprendí a administrar las dosis de salsa picante en mi comida y que “coger” no significaba agarrar algo.

El pretexto que me hizo llegar hasta allí era un proyecto editorial, se trataba de ilustrar una novela que había escrito de manera muy personal y por tanto con todo el ego posible, sin embargo en el día a día me di cuenta que la historia no iba a llegar a ningún lado si yo no cambiaba de actitud frente a lo que hacía y entre conversaciones de pasillo con la gente de la escuela, los profesores o cualquier persona que pude conocer en ese momento decidí plantearme la interrogante ¿cómo me relaciono con mi trabajo? Y no hubo una respuesta, porque hasta ese momento descubrí que tal relación no existía, lo cual me indicó que el trabajo que tenía que hacer iba más allá de un proyecto editorial.

El proceso se cortó porque ya era diciembre y todos salían a vacaciones, la Esmeralda cerró hasta enero y yo me fui al desierto del valle sagrado del Wirikuta a pasar mis fiestas con la interrogante en la cabeza.

Necesitaría otro informe para narrar la experiencia de caminar por el desierto pero en breves palabras diré que al llegar al cerro llamado “El Quemado” donde los Huicholes dicen que calentó el sol por primera vez, sentí que abrí la puerta de un límite y que de allí en adelante cualquier cosa que haría se convertiría en un viaje de regreso. De pronto me vi desnudo frente al sol, como hace unos meses en el aeropuerto de Ezeiza pero esta vez siendo consiente de todas las conexiones que estaba recibiendo. Fueron cerca de 10 segundos los que estuve bajo esa puerta, desde allí convoqué a toda mi familia, amigos, amigas, a toda la gente que me conforma y en un solo color los abracé a todos, dejé de ser yo y me escapé a sobrevolar el desierto, no hablo de éxtasis ni euforia, hablo de plenitud y paz, no hago evangelio de un equilibrio basado en la austeridad de vida, hago las veces de testigo de un suceso que me superó, del placer de sentir que sientes la tierra en la que estás pisando, el viento que estás recibiendo, de ver caer la tarde desde uno de los puntos más bellos del planeta, y van 5 segundos.

El resto se distribuyó en ver a la vida pasar, a los colores ocurrir y en ver la tierra formase línea a línea, milímetro a milímetro, la montaña está hecha por el tiempo y la paciencia del espacio. Mientras yo me sostenía en respiraciones profundas por el miedo racional a perder la cabeza, son 9 segundos y regresé al yo que había abandonado, todos los colores me atravesaron de arriba hacia abajo y ahora todos estaban regresando, las respiraciones profundas se hicieron sonidos con vocales, la voz volvió, el paisaje apareció y la caminata de vuelta a casa fue la comprobación de que todas las metáforas de Borges son ciertas y de que Van Gogh es el colorista de cualquier Dios de cualquier religión.

En conversaciones con amigos siempre les digo que el camino de regreso a las cabañas donde me hospedaba traía conmigo la invención del mundo, desde la nada absoluta en El Quemado, todo se volvió a construir, el azul, el polvo, los árboles, el frío, el viento, la luz lejana los aullidos de los coyotes, los cables de teléfono, el tren que pasa, el otro y con el otro también se construyó el yo.

Volví a la Ciudad de México con una solución a la pregunta de mi relación con el trabajo, no con una respuesta, con una solución, a partir de allí decidí que quiero contar lo que me ocurrió bajo el marco de esa puerta en el desierto, es decir, quiero hacerle sentir a la gente lo que sentí en ese lugar frente a ese sol, el amor y la pasión absoluta y plena.

Un director de cine alguna vez dijo que todas las historias ya fueron contadas, o muere o no muere, lo que hay que plantearse está en el como. No es una solución que abrace un discurso repetitivo, es una solución que tiene en el fondo de la investigación cualquiera que esta fuera, una sola actitud de vida: las divisiones no existen.

Era enero y los días en la Esmeralda empezaron formalmente, me relacione de otra forma con mi trabajo y con los materiales, aprendí a usar óleos, temperas, acrílicos, gouches, trabajé con nuevas metodologías, conocía a Panteón Rococo y a Hoppo, a José Emilio Pacheco, Remedios Varo, Octavio Paz, Arreola, y a los Detectives Salvajes de Bolaño, a Ulises Lima, Arturo Belano, supe sobre el paso de Buñuel por el cine Mexicano, vi a los Rolling Stones y entré al mítico estadio Azteca, hice varios ejercicios plásticos que me permitieron sacar conclusiones que hasta ese momento no estaban verbalizadas, hice xilografías y serigrafías en los talleres de gráfica.

Me acerqué al enigma de la memoria como un tema para investigar y todos los resultados de esa búsqueda han sido la base para la construcción del lenguaje pictórico de la novela, nació en mi algo a lo que le tenía mucho miedo sin saber muy bien porque, el compromiso, pasó de algo impensable a un aliado imprescindible para cada acción.

En México tuvo punto final la historia, cada personaje tuvo nombre, nació un título para le libro, incorporé nuevas palabras a mi diccionario, aprendí sobre el origen de una raza, también sobre la nobleza de la gente, vi el daño que les hace vivir en el miedo y la desconfianza, supe del espíritu de trabajo, aprendí a cocinar frijoles en olla de barro, cambié mi “chévere” por su “chido” y mi “de ley” por su “a huevo” me enamoré locamente de una mexicana de ojos profundos y mirada negra, me relacione con mi familia de una forma nueva, hice una conexión entrañable con la gente con quien compartí una carcajada, y un desayuno, pasee por lugares de fantasía, que estaban envueltos en callejones anónimos de la ciudad, viaje a Mérida, Tlaxcala, San Luis Potosí, nadé en los cenotes de la laguna de los siete colores de Bacalar, entendí que el sol era el verdadero reloj de los Mayas y vi las tardes y las noches desde una carpa. Esto no es una lista de destinos turísticos, o un relato de vacaciones, esto da fe de la conexión latente entre obra vida, entre curiosidades y decisiones, entre relaciones y actitudes. Sin dejar escapar ningún momento como algo rutinario, normal es cierto que solo se vive una vez y pero una vez es más que suficiente si se hacen las cosas bien.

El 16 de abril hubo un terremoto de 7 puntos en la costa de Ecuador y nació en mi un sentimiento de ecuatorianidad diferente al que tenía, siento y entiendo la distancia como un espacio de contemplación y pensamiento, así como también la impotencia de acción y la oportunidad para germinar la paciencia y levantar de apoco el cuerpo y luego los ánimos. Pese a que no es el mejor momento económico del país hay un magnetismo que me invita a ser parte del proceso de renacimiento que la gente y la nación deben vivir.

A la altura de la última semana del mes de mayo tengo un archivo con más de 150 ilustraciones con técnicas, formatos y motivos muy variados, actualmente estoy diagramando el tan mencionado proyecto editorial que está cobrando vida e historia en cada página, también estoy pintando lienzos de formato pequeño que serán la portada, y haciendo una litografía de formato medio, abrí un blog (https://editorialblanca.wordpress.com) donde publico artículos, reflexiones e investigaciones sobre la novela y otros temas. Di una charla en la Esmeralda sobre lenguajes de narración, en el mes de junio daré otra sobre el proceso pictórico de la novela y a finales del mes otra en la Cineteca Nacional sobre cine, ilustración y contar cuentos.

Todo esto en una beca, en menos de ocho meses, y en un día a día muy intenso y profundo. Muy lejano de caer en burocracia y agradecimientos por compromiso quiero que mi voz sea una evidencia de cómo un programa enfocado en la academia y basado en becas pueden llegar a ser una fuente de alimento espiritual a un individuo común y corriente de cualquier otra parte del globo.

Un viaje, es un diálogo entre las oportunidades y el viajero, considero que correspondí mi mitad satisfactoriamente, sé que la gestión que estuvo detrás, pese a los errores de comunicación e información de visas y vuelos permitió que exista este diálogo. Dejo esta historia en continuará para contar el nuevo capítulo desde Ecuador, por ahora le extiendo un abrazo enormísimo al comité que este leyendo esta crónica, y muy distante a lo que un concepto abstracto como Ecuador o México puedan decirnos extiendo este abrazo a ustedes como gente, como seres de luz que hacen posible las oportunidades de otros, porque hacen posible los viajes, y los diálogos porque las divisiones no existen.

Miguel Alonso Villafuerte Banderas.

Ciudad de México, mayo del 2016

informe

(fin del infome)

Recuerdo que antes de venir en Quito había tirado la toalla de la publicidad por un sin número de motivos que no distan de los que me harían tirar la toalla del arte contemporáneo en el caso de que fuera un artista.

No vengo todos los días a la escuela y a decir verdad a penas hasta este último mes me empecé a relacionar con su gente de una manera más amistosa que de trabajo o de “¿traes goma?” pero sin ser ingrato también confieso que me divertí mucho demoliendo los talleres de su escuela y estaría encantado de que me devuelvan la visita a mi casa en Ecuador y desde hoy mismo garantizo que mi taller será el suyo y ya caída la noche leeremos a Borges, Bolaño, Pacheco y cuando se nos seque la garganta me contarán sobre quien carajo es Anish Kapoor y fumaremos porro.

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