Negocios de hoy

Antes de empezar el día digamos que un martes como cualquier otro, me había despertado temprano y tenía ganas de algo pero no sabía de que, salí a caminar por la ciudad y entré a la Ojalatería de la calle Charanda, y me puse a chusmear todos los ojalás que tenían.

Ojalá volviera!

Ojalá se quedara!

Ojalá cambie!

Ojalá fuera

Tantas esperanzas fundadas en responsabilidades ajenas, resultan muy difíciles de llevar, así que salí -¿Qué haría con un ojalá se hubiera acabado, realmente lo necesito? – me decía.

Continuando cualquier camino compré un baguette en la panadería, la chica de la caja lo guarda en una bolsa de papel y le pido que haga un doblez estratégico para que lo pueda ir peñiscando, apostando la posibilidad de regresar sin pan -¿Y, para acompañar? Me pregunté.

En ejercicio de respuesta cruzó la calle en diagonal y entró a la Quesería, los 100 gr de que sería si me equivoco estaban más baratos que los del que sería si lo hago. Pero cuando han importado las pequeñas diferencias el momento de la cena. Entonces compró 100 gr de que sería si lo hago y ahora salgo de la Quesería con una duda gratis.

Quizás, de lo que tenía ganas era de tener algo en que pensar sin que lo tenga que pegar o al menos sin que sea mío.

 

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